Ceguera Selectiva
Podemos encontrar una sutil enseñanza espiritual en ese viejo dicho que dice que "no hay peor ciego que el que no quiere ver".A veces somos así, somos capaces de ignorar descaradamente aquello que no nos gusta, que no nos resulta atractivo o que simple y llanamente no nos conviene. Oseas, profetizando de parte de Dios contra Efraín, dice que "…aun canas le han cubierto y el no lo supo" (Oseas 7:9). ¿Que absurdo no? Imagínate esta escena, en la que caminando por la calle te encuentras a un ex-compañero de la universidad y te hace una incómoda observación
– Oye, que canoso te has puesto ¡Tienes todo el cabello blanco!
– ¡Nah¡ ¿Como crees? si sigo con mi mismo castaño cenizo de siem… – te miras en un aparador y te llevas una gran sorpresa – ¡Ah caray! ¡Estoy canoso! Nadie se pone canoso de momento a otro, es un proceso largo, lento y gradual, tendrías que estar muy distraído o activamente engañandote a ti mismo para no notarlo cada día al mirarte al espejo. Así pasa con el pecado, se nos va metiendo poco a poco y de forma muy sutil. Nadie despierta un día siendo un violador o un homicida, te aseguro que Hitler no pensó un día después del desayuno: Mmmm… ya leí un libro, ya planté un arbol… ahora solo me falta cometer genocidio. Esos villanos de caricatura que dicen "¡Como me gusta ser malvado! ¡Muahahahaha!" no ecisten en la realidad. Los grandes pecados son producto de una profunda ceguera selectiva. Primero nos negamos a reconocer nuestras pequeñas fallas de caracter y a pedirle a Dios que nos ayude. Éstas nos llevan a cometer pequeños pecados ocultos que creemos que no dañan a nadie, luego a pecados más terribles y si no nos arrepentimos a tiempo terminaremos siendo esclavos del pecado. Existen muchos ejemplos en la biblia de personajes que fueron cayendo poco a poco y cuesta abajo en su vida espiritual mientras se negaban activamente a reconocerlo y –lo más importante– a hacer algo al respecto. Al rey Saul se le profetizó que había sido desechado y que su reino le sería quitado (1a Samuel 15) a causa de su desobediencia, pero en lugar de tirarse de rodillas a pedir perdón, puso miles de pretextos y le preocuparon más las apariencias que la gracia de Dios. Sansón es otro ejemplo interesante. ¡Que ciego era este tipo! ¿Tan atarugado lo tenía Dalila que no se dio cuenta las primeras tres veces que su intención era destruirlo? Y Sansón tuvo que pagar su ceguera espiritual con ceguera física para que nosotros entendamos que hacerse de la vista gorda frente a nuestro propio pecado solo lleva a un camino de destrucción y esclavitud. ¿Cual es la solución ante la ceguera espiritual selectiva? Primeramente, estudiar y meditar la palabra de Dios. No hay pecado oculto, no hay intención escondida en nuestros corazones que resista el corte de la espada de Dios. Tambien ora y pídele a Dios que te ve tal cual eres que te revele cuales son las áreas de tu vida que necesitas cambiar. Y ante todo, siempre pide perdón, no ofrezcas disculpas.
– Oye, que canoso te has puesto ¡Tienes todo el cabello blanco!
– ¡Nah¡ ¿Como crees? si sigo con mi mismo castaño cenizo de siem… – te miras en un aparador y te llevas una gran sorpresa – ¡Ah caray! ¡Estoy canoso! Nadie se pone canoso de momento a otro, es un proceso largo, lento y gradual, tendrías que estar muy distraído o activamente engañandote a ti mismo para no notarlo cada día al mirarte al espejo. Así pasa con el pecado, se nos va metiendo poco a poco y de forma muy sutil. Nadie despierta un día siendo un violador o un homicida, te aseguro que Hitler no pensó un día después del desayuno: Mmmm… ya leí un libro, ya planté un arbol… ahora solo me falta cometer genocidio. Esos villanos de caricatura que dicen "¡Como me gusta ser malvado! ¡Muahahahaha!" no ecisten en la realidad. Los grandes pecados son producto de una profunda ceguera selectiva. Primero nos negamos a reconocer nuestras pequeñas fallas de caracter y a pedirle a Dios que nos ayude. Éstas nos llevan a cometer pequeños pecados ocultos que creemos que no dañan a nadie, luego a pecados más terribles y si no nos arrepentimos a tiempo terminaremos siendo esclavos del pecado. Existen muchos ejemplos en la biblia de personajes que fueron cayendo poco a poco y cuesta abajo en su vida espiritual mientras se negaban activamente a reconocerlo y –lo más importante– a hacer algo al respecto. Al rey Saul se le profetizó que había sido desechado y que su reino le sería quitado (1a Samuel 15) a causa de su desobediencia, pero en lugar de tirarse de rodillas a pedir perdón, puso miles de pretextos y le preocuparon más las apariencias que la gracia de Dios. Sansón es otro ejemplo interesante. ¡Que ciego era este tipo! ¿Tan atarugado lo tenía Dalila que no se dio cuenta las primeras tres veces que su intención era destruirlo? Y Sansón tuvo que pagar su ceguera espiritual con ceguera física para que nosotros entendamos que hacerse de la vista gorda frente a nuestro propio pecado solo lleva a un camino de destrucción y esclavitud. ¿Cual es la solución ante la ceguera espiritual selectiva? Primeramente, estudiar y meditar la palabra de Dios. No hay pecado oculto, no hay intención escondida en nuestros corazones que resista el corte de la espada de Dios. Tambien ora y pídele a Dios que te ve tal cual eres que te revele cuales son las áreas de tu vida que necesitas cambiar. Y ante todo, siempre pide perdón, no ofrezcas disculpas.
